La influencia de la crianza de Los Padres
La crianza comienza durante el embarazo
La crianza implica que los padres actúen como modelos a seguir ante sus hijos. Los estilos de crianza han ejercido una gran influencia en la vida de los niños desde el momento de la concepción. Una crianza positiva es fundamental, ya que propicia relaciones sanas tanto para los padres como para los hijos.
Durante el embarazo, ambos padres deben tomar conciencia de la responsabilidad que conlleva el cuidado de otro ser humano, así como de la importancia de mostrar respeto y preparar el entorno familiar antes de la llegada del nuevo miembro. Ambos padres deben definir y poner en práctica sus estilos de crianza, establecer normas básicas y asegurar una vivienda, estabilidad económica y los recursos necesarios.
Tener un hijo es una decisión trascendental; de hecho, la labor de crianza comienza para ambos futuros padres desde el momento mismo de la concepción. La influencia y las prácticas de crianza son de vital importancia para nuestros hijos y para su futuro. Los padres pueden influir en las relaciones futuras de sus hijos, ya sea de manera directa o indirecta. Pueden transmitir comportamientos, actitudes, emociones, valores educativos, sentimientos de alegría o tristeza, así como influir en los grupos sociales a los que se integren, en su reputación social y en su grado de integración en la sociedad.
La influencia de la crianza puede mejorar el comportamiento del niño mediante:
Aprender y mejorar las habilidades de crianza para evitar conductas indeseables.
Reducir las conversaciones negativas o utilizar la formulación "no hagas esto" en lugar de "espero que hagas esto".
Fomentar las conversaciones positivas y proporcionar retroalimentación sobre las conductas deseables.
Actuar más y hablar menos delante de los niños para modelar conductas deseables.
Demostrar empatía y mantener relaciones saludables.
Permitir que los niños aprendan una comunicación efectiva observando a adultos que poseen habilidades para la resolución de problemas.
Desarrollar un buen sistema de apoyo con otras personas que demuestren cómo asumir la responsabilidad de las propias acciones y del bienestar personal.
Mantener un empleo y una rutina diaria significativa en el hogar.
Participar en grupos de recuperación, de apoyo o de crianza.
Practicar técnicas de relajación y disfrutar de la vida.
Aprender y mejorar las habilidades de crianza para evitar conductas indeseables.
Reducir las conversaciones negativas o utilizar la formulación "no hagas esto" en lugar de "espero que hagas esto".
Fomentar las conversaciones positivas y proporcionar retroalimentación sobre las conductas deseables.
Actuar más y hablar menos delante de los niños para modelar conductas deseables.
Demostrar empatía y mantener relaciones saludables.
Permitir que los niños aprendan una comunicación efectiva observando a adultos que poseen habilidades para la resolución de problemas.
Desarrollar un buen sistema de apoyo con otras personas que demuestren cómo asumir la responsabilidad de las propias acciones y del bienestar personal.
Mantener un empleo y una rutina diaria significativa en el hogar.
Participar en grupos de recuperación, de apoyo o de crianza.
Practicar técnicas de relajación y disfrutar de la vida.
Los padres deben saber que la influencia en el comportamiento depende de:
La impulsividad de los padres y de los adultos del entorno de los niños
Los padres impulsivos tienen más probabilidades de criar hijos impulsivos, quienes serán los futuros adultos. La impulsividad puede derivar en comportamientos negativos.
El entorno comunicativo entre padres, hijos y otros individuos en presencia de los niños
La comunicación es la mejor manera de conectar con los niños y potenciar sus habilidades de desarrollo positivo. Los padres que fomentan la comunicación en el hogar son aquellos capaces de resolver problemas con facilidad y de servir a sus hijos como un modelo educativo ejemplar dentro del entorno familiar.
Cuando los niños describen y comparten sus emociones, lo hacen siguiendo el patrón de aprendizaje adquirido en casa. La comunicación adopta diversas formas, y los padres tienen la capacidad de guiar a sus hijos para que aprendan las mejores maneras de comunicarse.
Aquellos padres que mantienen una comunicación respetuosa y saludable son, en realidad, quienes educan a sus hijos mostrándoles cómo construir relaciones sanas. Los niños aprenden de sus padres cómo tratar a los demás; adquieren primero sus habilidades socioemocionales en el hogar y, posteriormente, en la escuela, los maestros refuerzan dichas competencias para favorecer un mayor desarrollo.
Crianza y empatía
La crianza y la empatía constituyen una vía para abordar el desarrollo infantil y comprender cómo relacionarse con otros seres humanos. La crianza y la empatía representan la capacidad de compartir sentimientos, así como de comprender y brindar apoyo —o solicitar ayuda— cuando sea necesario.
La falta de empatía conlleva un riesgo significativo de generar relaciones sociales y comportamientos negativos. La empatía ayuda a los niños a mejorar o desarrollar el autocontrol desde una edad temprana, favoreciendo así un mejor desarrollo infantil que los prepara para afrontar todas las etapas de la vida.
La estructura familiar importa
Los padres con hábitos de vida y comportamientos sociales poco saludables, así como algunos padres jóvenes, necesitan asistir a sesiones de crianza para poder distinguir entre las relaciones sanas y las perjudiciales.
Algunas personas no tuvieron la oportunidad de aprender cómo debería funcionar una familia ni cómo reaccionar cuando surgen los problemas. Los padres deben comprenderse a sí mismos antes de tener hijos; deben establecer una estructura familiar definida, con metas y una visión clara de su rol como progenitores.
Los hogares desestructurados o monoparentales tienen una mayor probabilidad de exponer a los hijos a conductas antisociales o a relaciones interpersonales conflictivas. El estilo de crianza dependerá de la estructura familiar, independientemente de si los padres conviven o no. Todo radica en la educación sobre la crianza.
La calidad de la crianza es más determinante que la estructura familiar en sí misma. Todos podemos observar casos de padres que conviven pero carecen de buenas pautas de crianza, así como casos de padres solteros que logran mantener una estructura familiar sólida en el hogar.
La calidad de la infancia depende del tipo de padre —o padres— que se encarga de satisfacer las necesidades básicas de los niños y de brindarles educación socioemocional. Los conflictos conyugales pueden causar daños en la estructura familiar que, a su vez, repercuten negativamente en las relaciones de crianza.
Los niños criados en un entorno excesivamente estricto tienen una mayor propensión a tomar decisiones desacertadas y a mantener relaciones interpersonales conflictivas.
El apego, las conductas parentales y el entorno influyen en los niños
El apego es la combinación de una relación íntima y afectuosa entre dos personas, la cual fomenta la confianza, la seguridad y el apoyo. Ambos padres necesitan establecer un vínculo si deciden criar a un hijo juntos y crear relaciones sólidas con sus hijos. Deben establecer reglas y límites.
Los efectos positivos del control parental resultan más evidentes en un entorno familiar afectuoso. Cuando los padres crean un vínculo positivo con un hijo, le brindan la capacidad de desarrollar conductas deseables y adquirir habilidades positivas.
El entorno y la manera en que los padres cultivan el apego son factores de gran importancia. Algunos padres logran vincularse con sus hijos, pero no siempre exhiben una conducta ejemplar en presencia de ellos. Tanto el apego como el estilo de crianza influyen en el comportamiento del niño.
Cuando el vínculo afectivo es sólido, la relación entre padres e hijos genera resultados altamente beneficiosos. Las habilidades de desarrollo de los niños se ven directamente afectadas por el apego o por las conductas de crianza recibidas.
El comportamiento de los padres, sumado al entorno familiar, propicia un apego más fuerte y profundo con los hijos. De este modo, los niños logran interiorizar las normas sociales y desarrollan una mayor capacidad para resolver problemas al enfrentarse a dilemas morales.
La mejora del entorno familiar, acompañada de la promoción de prácticas de crianza positivas, puede generar beneficios a largo plazo al reducir las conductas negativas y minimizar los errores parentales; factores que, a su vez, contribuyen a disminuir la probabilidad de que los hijos incurran en comportamientos delictivos.
Los niños que experimentan aislamiento y negligencia a una edad temprana suelen caracterizarse por la arrogancia, un sentido de privilegio desmedido y el narcisismo. Asimismo, los niños que reciben menos afecto por parte de sus padres son más propensos a manifestar conductas agresivas.
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